mercredi 18 juin 2014

Chapitre XII: Danza de la Montezuma en La Villa de Los Santos


Novedad y misterio de la danza de la Montezuma Cabezona

Es un ritual, cada año paso el miércoles y el jueves del Corpus Christi en La Villa de Los Santos, para no solamente gozar de los diablos y grotescos que danzan detrás del Santísimo, sino para estar con mis dos amigos, Julio y León, a los que veo reunidos solamente para esta fecha y la semana siguiente con el jueves día de la Octava, el viernes día del Corazón de Jesús, el sábado día del Turismo y el domingo día de la mujer. (Hay que estar allá para saber los detalles de esos 4 días de fiestas, no es mi propósito hoy de hablar de eso.)
León Ferrer es profesor de antropología, con la doble nacionalidad mejicana-panameña. El vive en el Distrito Federal. Nació en Panamá en agosto 1945 y paso su juventud en Chitré y en la ciudad de Panamá hasta los catorce años.
Desde hace mucho tiempo vuelve a La Villa cada año. Sé que en 1996 realizó un reportaje sobre la reina de Calle Arriba del Carnaval de La Villa y me ha comentado que nunca dejará de venir a la fiesta de Corpus Christi.  Le gusta mucho la danza de los diablicos.
Julio Arosemena o Julito para los Villanos, es el hijo de Julio Arosemena, que fue alcalde de La Villa. Su nombre está grabado sobre los muros de la alcaldía de la ciudad.  Julio es también antropólogo, universitario y creó la licenciatura del folclore.
Conocí a Julio en agosto del 2003, cuando me consagraba a buscar su libro sobre Los Diablos y gane su amistad por mi amor a Santa Librada y al folclore de su provincia.
Cuando me jubilé en el 2006 vine por primera vez para las fiestas del Corpus.
Pase 45 días en La Villa, entre la biblioteca de la asociación Rescate de Danzas y los pobladores del lugar.
Julio y León pasaron juntos las dos semanas del Corpus y los frecuente con mucho interés.  Aprendí mucho de ellos, cosas auténticas porque los profesionales que son no juegan con las fábulas. Así aprendí de León, en particular, que Vivaldi escribió una opera “La Montezuma”, sin añadir mas. Ellos compilan, analizan y son siempre muy humildes en sus juicios.
Cuando pongo el océano entre yo y Panamá y que estoy en Francia, mi imaginación se enriquece de lo que se cuenta en mi país y que repercute con lo que conozco del folclore de los santeños. Estaba arreglando mi carrito en mi garaje, escuchando la emisora radiofónica “France Culture”, cuando se dio una crónica informando de la reaparición en Alemania del libreto de la Opera de La Montezuma de Antonio Vivaldi, después de muchos años de su desaparición y que volvía a ser interpretada.
Recordé lo dicho por León. Mi atención fue total. Además “France Culture” se volvió o tornó muy lírica con el escritor cubano Alejo Carpentier, quien escribió un capitulo desquiciado sobre la opera La Montezuma en su obra “Concierto Barroco” 1974.
Cuenta Alejo Carpentier que un mejicano riquísimo, negociante de plata, llega a Venecia durante el carnaval y sale a la calle con su disfraz de Montezuma, con sus collares, su atuendo de plumas y sus sandalias doradas que llamaron mucho la atención de la gente.
Gozo mucho, tomo mas de lo normal y al día siguiente se despertó muy tarde. No ve su disfraz a su lado y se entera que se lo llevaron para vestir al Signor Massimiliano Miler. Su empleado Filomeno lo tranquilizó y lo vistió elegante para que fuera a ver la opera de la Montezuma del sacerdote Antonio Vivaldi en el “Pio Ospedale Della Pietà”. Es un momento histórico, están presentes Haendel y Scarlatti.  El escenario es espléndido y lo veo con los ojos de Alejo Carpentier en mi garaje. Montezuma luce con el disfraz del mejicano, pero la situación es dramática, la derrota es evidente y de repente el General Teutile del ejercito de la Montezuma aparece disfrazado de mujer.
“ ¡Pero resulta que aquí es hembra! ” - exclama “el indiano” …
“Pero esto es un gran disparate”…
“Pero Teutile es un hombre y no una mujer”…
“Y resulta que Teutile quería casarse con Ramiro, hermano menor del Conquistador Don Hernán Cortés, ….”
¿Que idea y para que? Dice el mejicano indiano, como lo llama Alejo Carpentier.
La acción se complica mucho como en todas las guerras. “Montezuma pide a la Emperatriz Mitrena que inmole a su hija Teutile.
(“¡Pero si Teutile, carajo, era un general mexicano!”)… protesta el indiano.
“Antes de que la doncella sea mancillada por los torvos apetitos de un invasor… La princesa prefiere darse muerte en presencia de Cortes.”
Cuatro paginas después leo, escucho en el radio y veo en mi garaje la tarima de La Heroica Villa de Los Santos frente a su iglesia pontifical y a la vez “la Gran Plaza de México, ornada de triunfo a la romana.  Columnas rostrales, bajo un cielo atremolado, todas las flámulas, gallardetes, estandartes, insignias y banderas, vistos hasta ahora.  Entran los cautivos mexicanos, cadenas al cuello, llorando su derrota; cuando parece que habrá de asistir a una nueva matanza, sucede el improvisto, lo increíble, lo maravilloso y absurdo, contrario a la verdad: Hernán Cortes perdona a sus enemigos, y, para sellar la amistad entre aztecas y españoles, celébrense, en júbilos, vítores y aclamaciones, las bodas de Teutile y Ramiro, mientras el Emperador vencido jura eterna fidelidad al Rey de España, y el coro, sobre cuerdas y metales llevados en tiempo pomposo y a toda fuerza por el Maestro Vivaldi, canta la ventura de la paz recobrada, el triunfo de la Verdadera Religión y las dichas del Himeneo….”
“Falso, falso, falso, todo falso gritaba el mejicano, Ese final es una estupidez. La Historia….” 
¡Verdad que Alejo Carpentier o Antonio Vivaldi se adelantaron con el matrimonio para todos en la iglesia!
Apenas existe el matrimonio para todos en el civil en algunos países y muy recién en Francia.
Eso me dejo a pensar. Desde mi garaje recordé a los danzantes de la Montezuma Cabezona empollerados con una gasa cubriendo sus rostros y una corona de princesa sobre sus cabezas.
Cuando la cabeza militar de La Montezuma se viste de pollera con una mantilla de novia, su estrategia es de limitar el vencimiento a una pérdida a medias. Su solución es de casarse con la cabeza enemiga que hizo esta mariconada de conquista y de ordenar a su ejercito de imitarlos. De la misma manera que no se discuten las ordenes cuando se pide matar o ejecutar, el ejercito debía vestir la pollera con velos de novias para salvar al pueblo, a la nación y algo de su cultura.
El amor sin condiciones pasara siempre y permite lo imposible.
Antes de la presentación de “La Montezuma Española” en la tarde del jueves del Corpus, el ejercito pacificado de la Montezuma entra en fila en la iglesia de La Villa, con un español a su lado, en pajeras, juntitos, unidos para rezar. Sus polleras son roja, del color de la sangre derramada y de la victoria final sobre ellos mismos. Son con un velo rosado sobre sus ojos humildes, son acompañado de un ex conquistador sin armadura y morrión, con una simple espada, con saco marino, camisa blanca y corbata para unirse a los indios y finalmente dar nacimiento a los mestizos de hoy y en particular a este mejicano riquísimo, descendiente de dos españoles, confesando al sacerdote Vivaldi que su corazón esta del lado de la Montezuma a pesar que el es criollo a cien por ciento.
Desde mi regreso a Panamá en marzo 2013, estoy siguiendo lo que ocurre en Francia con la ley del matrimonio para todos. Interpreto la ira de la derecha francesa conservadora como la demostración que algo a cambiado en nuestra sociedad.
Gracias a la píldora, a los partos con vientres alquilados hay nuevas conductas.
En el futuro puede reaparecer el panteísmo galo o griego con sus costumbres homosexuales entre militares.
Interesado por lo que queda del politeísmo griego en el mundo, sigo con mucho interés las tradiciones andaluzas de La Villa de Los Santos - ¡de todos Los Santos!
Con el Cristo de las tres potencias aparecen costumbres greco-musulmanas, acompañadas del tambor africano. No terminan de revelarme sus misterios.
Ahora voy a sorprender mis dos amigos con otra novedad mucho mas seria que concierne al torito. Se la debo a un viaje a Camboya, del otro lado del puente del mundo.  Como que los viajes hacen reflexionar.
Jacques